- Las motocicletas se han convertido en un motor de movilidad y oportunidades económicas en América Latina y el Caribe, pero su rápido crecimiento también ha incrementado la exposición al riesgo vial.
- Mientras el número de motocicletas se triplicó entre 2010 y 2024, las muertes de motociclistas aumentaron cerca de un 98%, convirtiéndolos en uno de los grupos más vulnerables en las vías de la región.
- La nueva publicación del BID identifica políticas y buenas prácticas, desde licencias graduales, cascos y elementos de protección de calidad hasta infraestructura segura y mejor fiscalización, que pueden ayudar a reducir las fatalidades y salvar vidas.
¿Alguna vez te has preguntado por qué las calles de nuestras ciudades y regiones tienen cada vez más motocicletas? Además de ser la única opción de transporte para muchas personas, la motocicleta se ha convertido en una herramienta de sustento, al ofrecer una forma económica, ágil y flexible de generar ingresos en entornos urbanos cada vez más congestionados y con una creciente demanda de servicios de entrega y mensajería.
Sin embargo, este crecimiento acelerado trae consigo distintas consecuencias. Mientras en general las muertes por siniestros viales se mantienen estables desde 2010 hasta 2024, las fatalidades de motociclistas han crecido cerca de 98%, es decir, prácticamente se han duplicado.
Este cambio refleja una transformación profunda en la forma en que las personas se mueven, trabajan y acceden a oportunidades. En muchos países, las motocicletas crecen a un ritmo muy superior al del resto del parque automotor y ya constituyen una parte significativa de los vehículos en circulación. La pregunta ya no es si este fenómeno continuará, sino cómo gestionarlo para que no siga cobrando miles de vidas cada año.
Una nueva publicación para enfrentar el desafío
Ante este desafío, la División de Transporte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presenta la segunda edición de Motociclistas en América Latina: Situación actual, lecciones aprendidas y mejores prácticas (disponible en inglés). Una guía que reúne evidencia actualizada, recomendaciones y experiencias regionales para impulsar políticas públicas que hagan más seguro el crecimiento del uso de la motocicleta.
La publicación es parte de la Estrategia de Movilidad Segura, Sostenible e Inclusiva del BID que orienta su trabajo con los países de la región para proteger la vida de los usuarios más vulnerables (peatones, ciclistas, motociclistas, niñas, niños y adolescentes, adultos mayores, otros), mediante la mejora de los estándares de infraestructura, el fortalecimiento de la gobernanza a nivel nacional y subnacional, y la generación de conocimiento que permita impulsar cambios sostenibles y de mayor impacto.
Aunque sabemos que el uso de la moto seguirá creciendo en la región, no podemos permitir que ese crecimiento siga cobrando más vidas. A continuación, presentamos cinco claves para entender la magnitud del desafío y cómo avanzar hacia soluciones concretas, temas discutidos en nuestra nueva publicación.
1. El motociclismo está creciendo más rápido que cualquier otro modo de transporte
En los últimos años, la motocicleta pasó de ser un vehículo complementario para convertirse en protagonista del sistema de transporte en muchos países. Las estimaciones hechas por el BID muestran que entre 2010 y 2024, el número de motocicletas en la región se triplicó, muy por encima del crecimiento del parque automotor total, del cual se estima que en el mismo periodo se duplicó.
Además, la cantidad de motocicletas por habitante ha crecido de 5 a 14 motocicletas por cada 100 personas entre esos mismos años. El impacto es tal que, en países como República Dominicana, Colombia y Perú, la cantidad total registrada de motocicletas y vehículos similares de dos y tres ruedas ya supera a la de automóviles, representando más del 50% de todos los vehículos registrados.
Este crecimiento no es casual. Las motocicletas son más económicas, requieren menos espacio y quienes las usan perciben que pueden enfrentar mejor la congestión urbana. Además, su uso se ha expandido rápidamente como herramienta de trabajo, especialmente en actividades como domicilios y mensajería. En la práctica, están redefiniendo la forma en que las personas acceden a oportunidades económicas.
2. Más mujeres en moto, pero expuestas a riesgos distintos
El motociclismo en América Latina y el Caribe está cambiando, y cada vez tiene más rostro de mujer. Para dar una idea de este fenómeno, desde 2013 hasta 2023 la cantidad de licencias de moto emitidas para mujeres en El Salvador se multiplicó 23 veces, y en Colombia, las mujeres pasaron de representar el 16% de los compradores de motos nuevas al 38%.
Además, este crecimiento esconde una realidad desigual. En la región, 7 de cada 10 mujeres que fallecen en la moto lo hacen como pasajeras. Esto implica que muchas mujeres viajan expuestas al riesgo sin tener control sobre decisiones clave, como la velocidad o las maniobras de emergencia.
A esto se suma que la relación de la mujer con la motocicleta es diferente; por ejemplo, análisis del BID estiman que las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de usar la moto para labores de cuidado y responsabilidades familiares. Entender estas dinámicas es el primer paso desde el BID para impulsar políticas de movilidad que realmente protejan a todas las usuarias.
3. Una epidemia sobre dos ruedas
Aquí está uno de los datos más preocupantes. Mientras que las muertes totales por siniestros viales han tenido ligeras variaciones en la región, las muertes de motociclistas han crecido de manera sostenida. Entre 2010 y 2024, se estima que aumentaron cerca de un 98%.
Hoy, las y los motociclistas representan aproximadamente el 35% de las muertes en las vías en América Latina y el Caribe. En algunos países, como Colombia o República Dominicana, supera el 60% (ver figura 20, página 52 de la publicación). Además, el perfil de las víctimas es consistente: hombres jóvenes, en edad productiva, que utilizan la motocicleta para trabajar o movilizarse diariamente. Esto convierte la siniestralidad en un problema que afecta directamente a los ingresos de los hogares y al desarrollo económico de los países.
4. No es solo el conductor, es el sistema de movilidad el que falla
Los siniestros de motociclistas no responden a una sola causa. Son el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí. Las conductas de riesgo, como el exceso de velocidad o el bajo uso de cascos adecuados, se combinan con vehículos que muchas veces carecen de tecnologías de seguridad, como sistemas de frenado avanzados, y calles que rara vez están diseñadas pensando en personas usuarias vulnerables de dos ruedas.
Cuando todos estos elementos coinciden, el riesgo aumenta significativamente. En otras palabras, no es solo un problema de comportamiento individual, sino de cómo está configurado el sistema de movilidad.
Además, la capacidad de nuestras instituciones para poner orden y proteger la vida suele ser un factor poco visible. Si el sistema de licenciamiento de conducción es débil o el control vial es insuficiente, el riesgo se vuelve incontrolable. Así como se requieren mejores calles para salvar vidas, también son necesarias instituciones de movilidad más fuertes y modernas. Por eso, estamos apoyando a los países en su transformación digital para una movilidad más segura, una apuesta por usar la tecnología y los datos para que las autoridades puedan tomar decisiones más rápidas y efectivas que realmente nos cuiden a todos.
5. Hay soluciones que ya están funcionando en la región
A pesar de este panorama, existen países y ciudades que han logrado reducir muertes de motociclistas mediante la implementación de políticas integrales. Países como Eslovenia, Bélgica, Hungría, entre otros, han demostrado que es posible reducir los riesgos cuando se implementan medidas como la regulación del uso de cascos de calidad, la implementación de sistemas de licencias graduales, el control de la velocidad apoyado en tecnología y el fortalecimiento de la infraestructura vial.
En la región, Argentina ha logrado mantener una tendencia de reducción entre 2019 y 2024, respaldada por el fortalecimiento del proceso de licenciamiento y de la fiscalización. A nivel local, intervenciones focalizadas en corredores de alto riesgo, como la instalación de resaltos parabólicos en Bogotá, han alcanzado resultados destacados, registrando periodos con cero muertes.
Además, el sector privado empieza a jugar un rol clave, especialmente en actividades donde la motocicleta es una herramienta de trabajo. Ya estamos viendo el uso de tecnología, telemetría y sistemas de gestión de flotas para monitorear en tiempo real factores de riesgo como la fatiga, el uso adecuado del casco o los excesos de velocidad de sus repartidores.
El desafío sigue siendo enorme y son pocos los que han logrado reducciones sostenidas en los últimos años. Sin embargo, sabemos qué cosas funcionan, ahora necesitamos acelerar su implementación.
¿Qué podemos hacer para que este crecimiento sea seguro?
El uso de las motocicletas continúa creciendo en América Latina y el Caribe. La pregunta ya no es si esto va a pasar, sino cómo vamos a gestionarlo para que no nos cueste más vidas.
La buena noticia es que nuestra nueva publicación ofrece recomendaciones basadas en evidencia, a partir de la identificación de estudios recientes, así como identificando las buenas prácticas implementadas a nivel regional y mundial, siendo una fuente de consulta para tomadores de decisión y formuladores de política pública.
Te invitamos a leer la publicación y ayudarnos a fortalecer la seguridad, sostenibilidad y la inclusión de la movilidad en nuestra región. El crecimiento de las motos no tiene por qué ser sinónimo de tragedia; con instituciones fuertes, infraestructura adecuada y políticas integrales, podemos lograr que este crecimiento no deje a nadie en el camino.
Lee más en nuestra publicación (disponible en inglés):