- La inteligencia artificial está cambiando los patrones del comercio internacional.
- El comercio de bienes que habilitan la inteligencia artificial crece en todos sus componentes con un claro protagonismo de las unidades de procesamiento.
- América Latina y el Caribe muestra señales incipientes de inserción en esta cadena de producción.
Cada vez que obtenemos una respuesta de un sistema de inteligencia artificial (IA), la escena parece ocurrir en un espacio inmaterial al que llamamos “la nube”. Sin embargo, la nube existe físicamente, ocupa un lugar en el espacio y el tiempo, y consume materiales y energía. Detrás de cada interacción con la IA hay microprocesadores, servidores, cables de fibra óptica, transformadores, sistemas de refrigeración y una red creciente de fábricas, proveedores y obras de infraestructura repartidos por todo el mundo. Ese mundo físico asociado a la IA crea una red de compradores y vendedores que está cambiando los patrones del comercio internacional.
En 2025, las exportaciones mundiales de un conjunto seleccionado de 104 categorías de bienes habilitantes de la IA (AI enabling) alcanzaron un valor estimado de US$4,05 billones, un 25,6% más que en 2024. Estos productos representaron el 16,6% de las exportaciones mundiales de mercancías y explicaron cerca del 40% del total del crecimiento nominal de las exportaciones globales en 2025, según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que coinciden con lo reportado en el informe de la Organización Mundial de Comercio (OMC) para el primer semestre de 2025. Si bien el debate sobre el impacto de la IA en diversos planos aún está abierto, la inversión necesaria para construir su infraestructura ya se observa en la producción y el comercio global.
Como parte de su labor de generación de conocimiento sobre desarrollo productivo e integración comercial, el BID estudia estas tendencias y ofrece análisis que ayuden a identificar oportunidades de inserción para la región.
Las estadísticas de comercio no permiten determinar si un producto específico fue adquirido para un centro de datos, un laboratorio de IA o para algún otro uso. Lo que sí permiten observar es en qué medida los países están produciendo y comerciando, de manera creciente, bienes técnicamente relevantes para el desarrollo y la operación de la infraestructura que sostiene esta tecnología. Por ello, resulta más preciso hablar de bienes habilitantes de la IA, término utilizado por la OMC para referirse a productos que sustentan la producción, el despliegue y la operación de estos sistemas, aun cuando también puedan tener usos alternativos.
Al pensar en el hardware detrás de la IA, es habitual imaginar un microprocesador de última generación, pero la realidad es más compleja. Las 104 categorías de productos de la clasificación arancelaria internacional a seis dígitos del Sistema Armonizado vinculadas a la construcción y operación de infraestructura de IA pueden agruparse en cuatro familias:
- materias primas (como el silicio de alta pureza, el paladio o los gases nobles);
- productos químicos elaborados (como los compuestos para electrónica);
- insumos intermedios (desde circuitos integrados y placas de memoria hasta cables, válvulas, bombas de vacío e intercambiadores de calor), y
- equipo final (computadoras, servidores, equipos de comunicaciones y máquinas para fabricar semiconductores).
La composición de las exportaciones de bienes habilitantes de la IA muestra que los insumos intermedios concentraron el 72,9% del valor exportado en 2025, mientras que el equipo final representó el 25,9%. Las materias primas y los químicos especializados representan menos del 1% entre ambos, aunque son eslabones críticos para el resto de la cadena de valor. Sin silicio ultrapuro o gases nobles no hay semiconductores. La cadena de valor de la IA incluye, además de semiconductores, equipos de red, fibra óptica, paneles eléctricos, transformadores, convertidores, bombas, sistemas de ventilación y refrigeración, sensores e instrumentos de medición. En definitiva, los modelos de lenguaje son apenas la punta del iceberg de un sistema industrial mucho más extenso.
El crecimiento reciente del comercio de bienes habilitantes de la IA tiene protagonistas claros. Las unidades de procesamiento, el corazón de los servidores de IA, más que duplicaron sus exportaciones mundiales en un año y sumaron US$142.000 millones adicionales en 2025. Les siguen las partes y accesorios de equipos de cómputo (que incluyen tarjetas gráficas y módulos de memoria, con un crecimiento anual de +71%), los equipos de transmisión y conmutación de datos que conectan los centros de datos entre sí (crecimiento anual de +48%) y los procesadores, controladores y circuitos integrados de memoria. El aumento también alcanza a productos menos visibles, como cables con conectores, circuitos impresos, convertidores eléctricos y paneles de control y distribución, todos ellos indispensables para alimentar y enfriar esta infraestructura.
Para los países de América Latina y el Caribe (ALC) que buscan incorporarse a esta cadena de producción, una pregunta fundamental es qué tan difícil resulta fabricar estos bienes. Una manera de aproximar esa dificultad es evaluar la cantidad de capacidades productivas, conocimiento técnico y proveedores especializados que requiere su producción. El Índice de Complejidad de Productos (PCI, por sus siglas en inglés) resume precisamente esa idea. El indicador asigna un mayor nivel de complejidad a los bienes que solo un número reducido de países logra exportar de manera competitiva y que, además, son producidos por economías con estructuras exportadoras altamente diversificadas. En otras palabras, un producto es más complejo cuando exige una combinación de capacidades productivas sofisticadas que pocos países han logrado desarrollar.
Al analizar el PCI de cada una de las 104 posiciones arancelarias de bienes habilitantes de la IA, se observa que el 94% del valor exportado en 2025 corresponde a productos de complejidad alta o muy alta. Fabricar circuitos integrados de memoria, máquinas para producir semiconductores o instrumentos de medición de precisión exige capacidades que hoy están concentradas en un número reducido de países.
No obstante, el panorama es más heterogéneo de lo que sugiere esa cifra agregada. El 6% restante del comercio mundial de bienes habilitantes de la IA, equivalente a más de US$200.000 millones, corresponde a productos de complejidad media o baja, como cables y conductores aislados, conectores, equipos de refrigeración como ventiladores industriales y transformadores pequeños, segmentos que crecieron a tasas de dos dígitos en 2025.
Aunque representa una fracción minoritaria del comercio vinculado con la IA, es un mercado de enorme escala y su valor supera el de todas las exportaciones de bienes realizadas conjuntamente por Chile y Perú en 2025. Para economías que aún están lejos de la frontera tecnológica, estos bienes pueden constituir una puerta de entrada a la cadena de valor de la IA. Representan actividades en las que las capacidades industriales existentes permiten competir, acumular conocimiento, aprovechar economías de escala y avanzar gradualmente hacia segmentos de mayor complejidad.
La participación de ALC en esta cadena todavía es limitada, aunque ya muestra señales concretas de inserción. De hecho, nuestra región es hoy importadora neta de esta infraestructura: en 2025 exportó US$165.800 millones en bienes habilitantes de la IA e importó US$227.500 millones; es decir, compró 1,37 veces lo que vendió.
México concentra la mayor parte de esta inserción: exportó US$154.100 millones en bienes habilitantes de la IA en 2025 y representa cerca del 93% de las exportaciones regionales de este grupo de productos. En ese país el dinamismo ya se observa en polos manufactureros concretos: reportes de prensa económica señalan a Ciudad Juárez y Guadalajara como nodos relevantes, con un clúster en Chihuahua asociado a fabricantes como Foxconn, Inventec, Pegatron, Wistron, Quanta y Wiwynn, y una plataforma en Jalisco construida sobre capacidades acumuladas por empresas como Intel, IBM, HP y Flex.
Costa Rica ofrece otro ejemplo más acotado pero igualmente relevante. Sus exportaciones de bienes habilitantes de la IA superaron los US$4.300 millones en 2025, según la canasta de 104 productos. Otros países participan de manera incipiente mediante minerales críticos, capacidad energética o nichos especializados de manufactura.
Existe una oportunidad emergente para ALC, aunque su aprovechamiento no será automático. Dependerá de las capacidades productivas que tenga y pueda desarrollar cada país, de su cercanía con los bienes que demanda la expansión de la IA y de las políticas que acompañen el proceso.
Las próximas entregas de esta serie de blogposts analizarán quién demanda estos productos, cómo la inversión en Estados Unidos está redibujando el mapa comercial, el caso de México como primera evidencia de un posible “AI-shoring” y qué pueden hacer los gobiernos y el sector privado para convertir esta nueva demanda en mayor valor agregado local, mejores capacidades productivas y bienestar. Mantente atento.